El proyecto Conduciendo a Ciegas (apoyado por medio del Programa Nacional de Concertación del Ministerio de Cultura) busca, por medio de las letras, hacer protagonistas a las personas con discapacidad visual. Para ello hemos creado este especial multimedia que recoge el talento y las voces de cerca de 20 personas que han participado en un taller de escritura creativa dirigido por Johanna Hidrobo, docente y escritora con discapacidad visual.

Este espacio de encuentro tuvo como eje la escritura y la reflexión sobre cómo se vive la discapacidad en Colombia, cómo esta hace parte de la vida y trasciende los estereotipos y limitantes que muchas veces se asumen.

En este multimedia podrán leer una muestra de los escritos realizados por los asistentes y podrán escuchar 10 historias que han sido sonorizadas, con la intención de mostrar que la lectura trasciende lo meramente visual y puede hacerse con otros sentidos, como el oído.

El nombre de este proyecto surge del título de un libro de cuentos que el escritor estadounidense Ray Bradbury publicó en 1997; durante el proceso de creación, el autor se recluyó en absoluta oscuridad y, sin ver, escribió a mano durante varios días.

A continuación, podrá conocer el proceso del proyecto Conduciendo a Ciegas, en palabras de sus participantes:

Laboratorios en pandemia
Por: Mauricio Ceballos Montoya

Este año todo nos cambió. Y aunque la frase pueda sonar como cliché, no deja de ser cierta. Algunos, entre los que me incluyo, nos ha costado y aún nos cuesta la virtualidad. Palabras como reuniones, plataformas, y una que aún no me acostumbro a pronunciar, “webinars”, fueron tomando forma en estos meses de confinamiento y su uso se volvió tan cotidiano como el tapabocas o el alcohol

Un día de tantos que tuvo esta cuarentena, me encontraba navegando en Facebook y, entre todas las publicaciones que a diario se muestran, algunas más insulsas que otras, de pronto, el algoritmo se apiadó de mí y me permitió ver una publicación de un compañero, al cual siempre le presto atención, pues sus post generalmente dicen algo más.

Pues bien, aquel texto era una invitación a participar de unos talleres de escritura creativa, que dictaría la Fundación Fahrenheit 451 de manera virtual. Días antes yo había deambulado por la red, precisamente buscando algo relacionado con el tema, pues quería aprender algo más, porque he sido muy inquieto en el ámbito académico.

Me inscribí y, a pesar de que socialmente no soy muy hábil, me entusiasmó la idea de aprender y compartir con pares la experiencia de escribir.

A la profesora, la verdad, la conocía de nombre pues sabía que teníamos un amigo en común pero realmente, poco o nada sabía de ella. Pero en estos talleres he podido evidenciar en ella una mujer sensible, que ama lo que hace y que pone todo su empeño en transmitir su conocimiento. Hay algo que quiero resaltar además del buen compañerismo que he percibido en las sesiones de trabajo y es el hecho de conversar, como un espacio propicio no solo para compartir experiencias de cada uno, sino que estas tertulias nos brindan elementos de aprendizaje de una manera divertida, pero, sobre todo, muy humana.

La lúdica también se ha hecho presente en los talleres. Ha sido un elemento importante en el fortalecimiento de los lazos entre compañeros, además de permitir apertura y confianza entre los mismos. Pero creo que todo esto se ha logrado porque desde el inicio se percibió una buena energía tanto en el grupo como en la tallerista, y ello nos ha permitido a todos abrir y facilitar el espacio para que las historias, anécdotas y reflexiones surjan de manera espontánea.

Por mi parte, puedo decir que me siento contento de integrar el equipo de estos laboratorios. Agradezco a la Fundación por propiciar estos espacios de tertulia y conocimiento y a la tallerista Johana por dar todo de sí para que cada encuentro sea esperado con alegría y expectación. Pienso que dentro de todo lo que se ha hablado, de lo bueno y lo malo de la pandemia, estos encuentros han sido un salvavidas dentro de la gran marea de sucesos que nos ha traído este tiempo. Y más que un laboratorio de escritura para personas ciegas, los talleres han sido la excusa perfecta para que un grupo de personas tan plural, que lo único que tienen en común sea su discapacidad visual, se sienten a conversar, hablar de la vida y a compartir su gran pasión por plasmar en un texto lo que piensan.

La palabra es la gran invitada en estos encuentros. No nos hace falta una copa, o algo comestible para compartir. Y no es que no se pueda. Es que cuando estamos reunidos, la palabra es la reina del lugar; y, por eso, todos escuchamos con deleite. Cuando hablamos, lo hacemos ante un grupo que, de antemano, sabemos que nos va a respetar, no nos va a juzgar, pero sí nos va a prestar atención. Esa es la confianza de la que hablaba arriba. Confianza que a lo largo de las clases se fortalece y nos permite abrirnos más y sentirnos bien.

Finalmente, creo en la necesidad de continuar abriendo esta clase de espacios que son la excusa perfecta para conocernos y agruparnos entre pares, para un crecimiento espiritual y para adquirir una mayor fortaleza ante los embates que nos propina la vida.

A la Fundación, de nuevo gracias.

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