Marzo 21: Poesía y Síndrome de Down, un día para celebrar la diversidad y la creatividad

Hoy, 21 de marzo, se unen dos celebraciones que invitan a reflexionar sobre la belleza de la diversidad humana: el Día Internacional de la Poesía y el Día Mundial del Síndrome de Down. La historia de Diana Molano, poeta y autora del libro Anochecer, se convierte en un símbolo de cómo el arte y la literatura pueden trascender etiquetas y celebrar la riqueza de las experiencias individuales.
Por Paula Sophia Martin Peñuela
A menudo pasamos los días del calendario como páginas de un libro, tan atrapados en el curso de la historia que no saboreamos las palabras y su significado. Sin embargo, existen eso momentos de contemplación donde una pequeña página parece estar destinada a encontrarnos y trascender de la mano de nuestras luchas y experiencias individuales.
Podría decirse que algo así sucedió con marzo 21 en la vida de Diana Molano, autora del poemario “Anochecer” y mujer con síndrome de Down. Para quienes no saben, hoy se celebra el Día Internacional de la Poesía y, curiosamente, desde 2011 la asamblea general de las Naciones Unidas (ONU) designó también este día simbólico para conmemorar la trisomía del cromosoma 21 –03/21– mejor conocido como Síndrome de Down.
¿Será este un día que estaba destinada a encontrarla? Quizá, nunca lo sabremos. Lo que sí está claro es que hace ya 6 años en esta misma fecha salió a la luz “Anochecer”, la primera obra de esta poeta que encarna en su arte su experiencia de vida más allá de un diagnóstico.
Y es que, cuando incansablemente la sociedad nos ha dicho que debemos entender nuestra identidad a través de etiquetas o miradas de “normalidad” basadas en visiones biomédicas, escribir acerca de la mera experiencia humana universal –el amor, la soledad y la naturaleza– se vuelve un acto revolucionario.
En aquella época muchos titulares resaltaban “primera poeta con Síndrome de Down”; sin embargo, en pleno 2025 sería importante preguntarnos ¿fue solo poeta una vez fue leída y publicada? Lo cierto es que la historia de Diana con las letras empieza mucho antes de este gran libro. De pequeña, según cuenta su madre, transcribía libros de historia y amaba leer autores como Mario Benedetti o Pablo Neruda. Luego, por coincidencias de la vida se encontraron con “El Despertar”, un espacio de talleres de creación literaria y educación inclusiva ofrecido por la Fundación Fahrenheit 451 enfocado en población con discapacidad intelectual.
Así, Molano reconectó con esa pasión y empezó con una nueva rutina, escribir cada noche, entre las 10 y 12 –o de ser posible hasta las 2 de la madrugada–. Como buena poeta –porque sí, si me lo preguntan a mí, desde aquel entonces ya lo era– logró llenar 10 cuadernos con versos escritos a mano esperando a ser compartidos.
Fue en 2017 cuando el sueño de publicar un libro apareció. El proceso requirió apoyo de los voluntarios y directores de Fahrenheit 451 pues había que transcribir los poemas a computador y clasificarlos. Finalmente quedaron los 114 poemas que componen su obra literaria. Ahora, Diana no es solo una poeta y escritora publicada, también ha dictado talleres y participado en certámenes literarios. Y va por la vida, derribando las barreras impuestas por otros. Aquellos que jamás pensaron en lo valioso de ver a quienes tienen condiciones de salud física o mental como personas, complejas y polifacéticas, más allá de la etiqueta médica.






